¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?

Jeremias 18:6

La alfarería no se considera un arte fino en muchos lugares del mundo. De hecho, en la mayoría de los lugares donde se practica, la alfarería es una artesanía o un hobby. Me he preguntado ¿Qué pudo ver Dios en un alfarero para comparar a Israel con él? No fue hasta que vi a un alfarero trabajando que descubrí el verdadero valor de la alfarería. No es en sí las vasijas lo que cuenta, sino la habilidad del alfarero para hacerlas.

Dios se compara a sí mismo con un alfarero, y con justa razón. Génesis dice que Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Este ejemplo se utilizó en los tiempos donde la alfarería era más popular que hoy día. Si Dios hablase la misma palabra, tal vez llevaría a un ingeniero a una planta productora y preguntaría algo así como “¿No podré yo hacer de vosotros como estos robots de ensamble? Que arman y desarman lo que quieren”. O tal vez llegaría con un diseñador gráfico y preguntaría “¿No podré yo diseñarlos a mi gusto, y dibujarlos de acuerdo a mi criterio?”.

En otras palabras Dios se puede comparar con un arquitecto, alfarero, ingeniero o cualquier otro personaje que tenga capacidad creativa. El punto es que Dios puede hacer de nosotros lo que le plazca. Si lees el texto de Jeremías más completamente, te darás cuenta de un hecho muy peculiar. Al Alfarero se le va la mano con el barro, no considera que sea buena su obra, y comienza de nuevo. Sin embargo, parte de la rapidez con que trabaja depende de la maleabilidad del barro.

Si el barro es duro, no se puede trabajar, y hay que quebrántalo para poder hacer algo útil de él. Si está demasiado blando, no mantiene su forma. El barro tiene que estar justo en un punto medio. Si Dios es el alfarero, eso nos convierte a nosotros en barro. Permíteme compartirte un secreto: La Biblia dice en Filipenses 1:6 que Dios comenzó la obra, y que la perfeccionará. También dice en Juan 10:28 que Nadie te arrebatará de sus manos. Si juntas todas estas citas, te darás cuenta de que el alfarero no va a soltarte has hacer de ti una obra maestra. Entonces el secreto es este: es mejor que te dejes. Entre más te dejes moldear, menos doloroso será el proceso de quebranto y rediseño.

No te resistas al proceso de renovación de Dios, pues El va a hacer la obra en ti tarde o temprano. Es mejor que arrojes tus manos al cielo, y con una actitud de gratitud digas “Aquí estoy. Haz conmigo lo que quieras”.

– InstayLl